A nadie le gusta obedecer, seguir instrucciones ni que le pongan límites, sin embargo, todo esto es necesario para funcionar dentro de un grupo, pues nos da un orden social.

La razón por la que un niño no quiere obedecer se debe a que está genuinamente distraído, tiene flojera o a que lo que está haciendo es mucho más placentero que aquello que le piden. En cambio, para el adolescente obedecer va más allá, lo vive como una verdadera humillación. Su resistencia a obedecer no tiene que ver con la acción misma que se le ordena, sino con el hecho de que le hagamos sentir que tiene que hacer lo que otro le pide. No hay alternativa ni otra posible interpretación: para un joven, obedecer es sinónimo de sometimiento.

Es por esto que vale la pena que tomes en consideración lo siguiente:

1.- Dado que en la adolescencia se hieren la dignidad y el orgullo, es importante cuidar nuestra relación con ellos, ofreciéndoles alternativas al momento de pedirles algo. Resulta de gran utilidad plantearles opciones y/o rangos cuando se espera una respuesta de su parte, de modo que sientan que tienen opción de decidir. Por ejemplo: “Necesito que llegues entre 7.30 y 8.00 de la noche” o “Necesito ayuda, ¿quieres poner la mesa o lavar los platos?”

2.- Evita hacer comentarios con respecto a la evidente manifestación de enojo o molestia cuando les pedimos algo. Lo que importa es que lo hagan, no su actitud al hacerlo. Podemos validar su enojo, pero dejando claro que de cualquier manera esperamos cierto comportamiento de su parte. Por ejemplo: “Sé que te molesta mucho acompañar a tu hermano, pero necesito que vayas con él porque está pequeño para ir solo”

3.- Agradecerles abiertamente cuando presentan la conducta esperada, aun cuando lo hayan hecho de mal humor.

Recuerda que lo que el chico hace durante la adolescencia no es personal, está siguiendo un proceso natural que busca lograr el desapego emocional de las figuras paternas. Si logras hacer pequeños cambios en la forma de interacción con él, pueden presentarse cambios significativos que favorecen la armonía familiar.